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Como es arriba es abajo

por Drago Yurac

juan yolin (Santiago, Chile, 1986). Es escritor y curador independiente. Ha publicado los libros Delta (2024, Ediciones Casa de Barro, 2024), Ingentrificables (Ediciones Libros del Cardo, 2023), entre otros. Algunas de sus publicaciones han sido incluídas en colecciones como Viñetas de mar y valles: historieta nueva de la Región de Valparaíso (Dibujos que hablan, 2024) y En otoño: muestra del novísimo ensayo de la región de Valparaíso (Schwob Ediciones, 2023). Su trabajo crítico y curatorial forma parte de diversos proyectos repartidos por Chile y América Latina.

El mapa que ha urdido Juan Yolin en Delta es digno del coleccionismo más hermoso. Me refiero a ese ejercicio de juntar piedras de las playas, de ordenar cartas por sus similitudes, de recolectar cadáveres de insectos en un frasco, toda tarea fantasiosa que nos entregamos en la infancia. La poesía puede ser la continuación de esta labor. Yolin nos enseña los tesoros de una genealogía maquínica del aire, una reproducción de voces de pilotos que son poetas, no necesariamente por cómo escriben, sino por cómo se exponen al milagro trágico del accidente.

Quien ha visto los ardientes deseos del cielo / ya no puede pensar más en ser humano (p. 24), escribe Yolin bajo la voz de Santos Dumont, el piloto brasileño que fue el primero en volar en un avión. Una voz que podría ser perfectamente otro heterónimo secreto de Pessoa. Y es que Yolin deja pistas crípticas al modo de una caja negra llena de accidente poético, un glosario futurista de voces espaciales sacado de una película de Satoshi Kon, un puzle libre que como lectores debemos descifrar. En esta Antología de Spoon River del pilotaje aéreo, como lectoras tomamos la vista de pájaro, y como un paneo fantasmal, viajamos en este paisaje histórico de infortunios y naufragios épicos, como dice la voz de Margot Duhalde, lo que el ojo no ve, la imaginación lo atraviesa (p. 35). Nos percatamos que las caídas del cielo están llenas de enigmas, de reveses, de esa materia imposible que nos pone en juego la fe terrenal.

La constelación de aventureros y epopeyas que nos sopla Yolin, de un modo oblicuo, nos instala en una memoria libre. Las veteranas de las Malvinas, María Reiche y las líneas de Nazca, el socialista Marmaduke Grove, el beisbolista Roberto Clemente, los estorninos, platillos voladores. Tuve que detenerme a investigar y probar mis propias hipótesis. Históricas, ecológicas, astrológicas. El accidente llama a la conjetura, pirueta poética elemental. Pero mi corazón se resentía. Este ejercicio de perspectivismo patafísico nos hace temblar literalmente el piso. Aquí asistimos a los mismos vértigos de La ciudad de Gonzalo Millán aplicados matemáticamente a la historia aérea del narcotráfico de Pablo Escobar. Un museo a cielo abierto como sacado del sueño más íntimo de Aby Warburg, un verdadero Atlas Aeroplanum Mnemosyne. Pero, espérenme. Lo que creímos podía ser una apología de la máquina, villana o no; lo que creímos podía ser una burla del fascismo como en Estrella distante de Bolaño; finalmente se transforma en un catálogo de antihéroes y antigestas. Mientras avanzamos en este mapa, una tristeza cartográfica recorre nuestras entrañas. Nuestro más íntimo triángulo de las bermudas.

Pienso que detrás de todo juego, de todo ejercicio, hay una tristeza. Sobre todo de niñas, cuando se hacía tarde, bajaba el sol y debíamos volver a casa. Dejábamos esas piedras, ramas e insectos; dejábamos las figuras de arena a la intemperie de las olas, a ver si de suerte otro niño, quizás, seguía nuestras pistas. Yolin nos deja esta arquitectura para poder seguir tramando los ocultismos del aire.

Escribir, en este libro, es jugar con la memoria de lo que se perderá (María Negroni).

Ese es el desmontaje que nos obliga a aterrizar de emergencia, si es posible.

Selección de poemas de Delta,
de Juan Yolin

A ESPALDAS DE LA MONTAÑA
[MARGOT DUHALDE]

una razón más para despertar sin monedas en los ojos se nos pide que volvamos como si tuviésemos que volar como si tuviésemos que volver al ruedo de un tacto ciegas casi, haciendo nubes al caminar exponiendo las rodillas como dos restos de metralla mientras repetimos con nostalgia ¿cuánto durará la caminata, capitán? eterna es la milla entre un kamikaze y mi ojo la esquina de aquel horizonte que allá veo es larga un camino de soviets polvos de cárcel sonora nube de espacios enfermos y agriados por el siglo para llegar descargaremos el plomo el sendero a la araucaria los recuerdos todo lo que nos hace llorar en la infancia y nos permite tantear la elasticidad del aire rama dorada que es la suma de este poema eso que nos ilumina cuando atravesamos y vemos por fin nuestros otoños centrales no me digas que volveremos a la infancia me espera Marmaduke en las doce lunas del caserío me espera Reiche en la misa del amor y también las lavandas el olor del jardín cuando llueve no me digas que volveremos a la infancia lo que el ojo no ve la imaginación lo atraviesa

TIERRA SIN HOMBRES
[MARMADUKE GROVE]

(extracto) Supongo que a las finales Borges tenía razón: quien ha entrevisto el cielo, quien ha visto sus ardientes deseos, no puede pensar más en ser humano, en sus triviales dichas o desventuras. Aunque ese humano sea él, ese humano ya no está. Y eso ya no importa.

ANOTACIONES EN UN LIBRO DE MISHIMA
[SANTOS DUMONT]

la oposición entre ver y existir como algo decisivo el problema de cómo se podría ver el cielo cubierto por nubes ordinarias, supongamos que habitamos un cielo y recién ha comenzado a existir gracias a las palabras pero su interior no puede ser visto desde abajo su imagen ha de ser completamente invisible el cielo envuelto en el paisaje su interior cegado por el pálido azulino el cielo existe pero eso no es suficiente si las palabras no pueden garantizar el cielo no queda más que garantizarlo mediante la mirada una existencia verdadera, dice Mishima se compone de certeza y mirada y parece haber sólo una manera de salvar esa contradicción hundir estas máquinas y sus terribles maderas preñadas de viaje

drago yurac (Santiago, Chile, 1996). Es escritora, editora, traductora. Actual estudiante del Máster de Creación Literaria de la UPF de Barcelona. Publicó el libro de poesía El esplendor oculto (Pez Espiral, Chile, 2024). Ha publicado traducciones de Lydia Tomkiw (Un millón de sonidos escapan de mis ojos, Fonema, 2018), Penny Rimbaud (Actos de amor, Fonema, 2022) y Yone Noguchi (Diario americano de una joven japonesa, Abducción, 2025), entre otras. Colabora con diversas escrituras sobre filosofía, estética, arte, psicología, literatura y teatro para variadas revistas. Organizó el ciclo de lecturas Buenas noches, poetas (2023 y 2024) en homenaje al poeta Pedro Montealegre. Sus fascinaciones son los géneros híbridos y las gemas ocultas. Actualmente trabaja y reside en Barcelona.

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