danilo miranda

¿Qué hay en el lenguaje de la arquitectura y el urbanismo que espejea con tanta precisión nuestra experiencia del mundo? Danilo Miranda ensaya una respuesta a esta pregunta inagotable, y lo hace de un modo inédito, visceral. Aquí el poema se proyecta como un espacio en construcción donde lo que se alza también se desmorona. Seguimos el rastro de una música singular, fusión de verso y prosa, mientras la incertidumbre vital pulsa sus teclas con un temblor de dedos: “No pudo vivir con la iteración de la muerte y sostenerlo en la memoria, por eso escribe”.
Una palabra en flor de loto
De las formas posibles que se descascara el estuco y cae, el poema se escribe entre dos respiraciones que el cielo ataja. El pensamiento entre una línea y otra es una indecisión que de a poco se evoca y desprende, de una fibra larga material cubierta cañería tubo se escribe de a poco una última vez
y sobre la explanada nuevamente se lee: hay almas en países largos de asbesto que desbordan algo más que humanidad alzaprima es un país un elemento esbelto entre viga y suelo, la caída un puntal que emerge que se acumula en la superficie pero no puedo nombrar
Si se puede ver por una última vez los colores sobre un palacio, si se decide retorcer el cuerpo alrededor de una bandera, girar y hacer de la memoria una forma oblicua dibujándose en la página. A dos aguas entre una caída y otra la materia se retuerce, cuando el polvo se levanta el tiempo no puede hacerse cargo de sí
entre el fuego el cuerpo es una palabra en flor de loto en una casa el cielo se desprende un poema crece el argumento es una disección
Un órgano es un tejido que se complejiza cuando se escribe, por ejemplo, la mano adopta posiciones para decir dibujar proyectar o simplemente encender o volver a escribir. Pero la mano no es un órgano sino una extremidad, de una página el borde donde un concepto se aloja y cae. Qué se escribe cuando se escribe si se escribe antes de arder
Pensó en una frontera pero quiso arder Pensó en escribir cuando el pulmón se astilla para hablar no es necesario permanecer cuando la muerte acecha ¿cuánto tarda un órgano en dejar de serlo?
Un edificio es un país que se deshace si se diseña, por ejemplo, una casa, o el dibujo de una casa, o la palabra casa en la escritura de una casa. Probablemente si se supiera que un muro está hecho de cemento asbesto, si al poner un cuadro el niño no sostuviera la broca y no se martillara, si las tejas en la fábrica no se desprendieran como una alzaprima a un país, un hombre no ardería en el cemento un día y un poema dejaría de escribirse así. Hay cosas que pueden deshacerse con una precipitación en el borde de la cama. En un vertedero, sobre el velador, podrías esperar uno o dos años para que algo se descompusiera pero tardar un solo día en reconstruirlo porque sí. En condiciones húmedas la mano escribe y el pensamiento derrumba ese pequeño esfuerzo entre una viga y otra para decir aquí estoy, allá hay algo más: una plancha de pizarreño con musgo entre las fibras, sobre una losa, la mano escribe y el cielo es un fragmento de la palabra poesía. La pintura es una terminación pero cuando un cuerpo se restaura no necesariamente vive
algo se perfila en la arena corrijo, en el concreto se cae a pedazos elige se cae de a poco y alguien dice que su alma desborda mucha más humanidad que el volumen de vida que una copa de agua soporta ¿cuánto tarda un pulmón en volverse duro por la palabra asbesto?
cuando alguien tose otro alguien piensa en algo más que en cómo se contrae la cabeza y el corazón, cómo se cierra la mano para sostener algo que solo el tiempo sobre el tiempo apila.
Para hormigonar un edificio, probablemente en el centro de una capital se requiera no solamente una serie de elementos verticales que se pueden ajustar y resistir carga sobre carga, miedo sobre miedo, humedad sobre humedad. Qué se piensa cuando se piensa si se piensa antes de caer. Cuando alguien camina la mente es una obra inconclusa que en la tarde un paisaje dibuja, estribo con estribo, aridez con aridez
se pierde pero no quiere morirse se muere pero no quiere olvidarse por eso escribe
Vio en el paisaje el futuro acumularse, lugares que de niño se sostienen apenas
La rutina encabritada como una faena en la periferia, enfermando, cortando el aire en dos. Decir / una chispa / aspirar / una forma de quedarse / encender / un bosque dentro de la mente / expectorar / una palabra en flor de loto
No quiso ser algo que busca lo mejor por siempre, por eso escribe
No pudo vivir con la iteración de la muerte y sostenerlo en la memoria, por eso escribe
Si todos los estribos se calculan entonces por qué no las palabras
mejor dejarlas suspendidas
cuando alguien decide inmolarse primero cuchillo al vientre primero la micro de todos los días primero el pulmón hecho piedra respirando una mezcla de smog y parafina una última vez, las palabras son un montón de fierros que no tienen dimensión ni luz en sus escorzos.
Longitud, dimensión, superficie un cuerpo de agua dulce longitud, luz, dimensión, para que pueda crecer un estanque la plaza es una habitación para que no se olvide jardín derrumbe estuario el tiempo sedimenta quizá por eso ya no escribe
Puso cada cosa en su lugar, en la casa, cada letra en el papel, cada espora, un bosque que pudiera encender, un montón de escombros en su propia vida, la contención, la fuerza de una imagen, un racimo de objetos, el conjunto que puede armar con sus recuerdos antes que se esfumen,
una flor que fue cortada y cabe dentro de un poema
Danilo Miranda (Santiago de Chile, 1997) es arquitecto y escritor. Su escritura ensaya sobre temas sociales y urbanos que colisionan con la palabra en una obra aún inédita atravesada por la perspectiva paisajística y territorial. En diciembre del 2023 obtuvo una mención en el Premio Roberto Bolaño del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.